“Yo me iré, pero volveré, y además, me quedaré”. Hace 36 años, en Buenos Aires, san Josemaría dijo en el Teatro Coliseo, el 26 de junio de 1974: “Yo me iré, pero volveré, y además, me quedaré”. Este año, San Miguel -catedral situada en el centro de la capital argentina- ha sido testigo del cumplimiento de esta promesa.
“¡Quién me iba a decir hace treinta y seis años, cuando preparaba la llegada del Fundador del Opus Dei a Argentina, que yo llegaría a ver esto!”, comentaba emocionada Beby, una de las primeras Supernumerarias de Buenos Aires, a la salida de la Misa en honor de San Josemaría celebrada en la Catedral de San Miguel. Y es que este año, esta ciudad fue el centro de los festejos del 26 de junio, ya que su Obispo, Monseñor Sergio Alfredo Fenoy, quiso que, durante la Misa se bendijera y entronizara una estatua de San Josemaría en la catedral. Mons. Fenoy valora el hecho de que en el año 1974, el fundador del Opus Dei haya vivido durante 21 días en esta diócesis. Como expresó en su homilía, “esto es un motivo de gran bendición para todo el pueblo, pues nos lo hace sentir más nuestro”. También, que San Josemaría sea un santo contemporáneo, “nos acerca la santidad haciéndonos comprender que la misma es posible, no en general, sino posible para cada uno, posible para mí”.
La fiesta se preparó con un triduo de Misas –el 23, 24 y 25- durante las que se expuso la imagen al costado izquierdo del altar mayor para la veneración de los fieles.
El triduo se celebró en el horario de la Misa vespertina. Las homilías de cada día dieron a conocer algún rasgo fundamental de la figura de San Josemaría y del mensaje del Opus Dei: el amor a la Santa Misa y el alma sacerdotal de todos los cristianos, la filiación divina, el trabajo diario como medio de santificación y apostolado, la influencia del espíritu cristiano en la sociedad, la alegría, la devoción a la Virgen.
Escuchándolos y atendiéndolos
Todos coincidieron en que los rasgos de san Josemaría están muy logrados. El día inicial del triduo, además, durante la Misa cantó el coro de la
Universidad Austral, que intercaló cantos polifónicos durante la veneración de la reliquia. Ese día fue especialmente emotivo por ser el primer encuentro con la imagen de nuestro Padre. La estatua, de un metro sesenta de alto, hecha de resina patinada, muestra a San Josemaría revestido de alba y casulla, con la cabeza suavemente inclinada para contemplar a quienes se le acercan, como escuchándolos y atendiéndolos con una leve sonrisa en los labios.
El 26 de junio tras incensar el altar seguido del saludo inicial, se dirigieron todos a la zona del templo donde se encontraba la imagen de San Josemaría. Allí el Obispo leyó la fórmula de bendición y entronización y luego continuó la Santa Misa.
En su homilía el Obispo hizo notar que junto a San Juan Orione y a la Beata Camila Rolón, por cuya pronta canonización nos pidió rezar, San Josemaría es el tercer santo que ha vivido en esta diócesis, y nos manifestó su alegría por haber conseguido este nuevo paso: el primero, declarar su fiesta como memoria obligatoria en la diócesis, por lo que en todas las parroquias el 26 de junio se celebra la Misa de San Josemaría; y ahora tener su imagen de modo que desde hoy “su presencia en este Santuario-Catedral está asegurada”.
Lo que le arrancaron sus hijos
El obispo también rememoró las últimas palabras de san Josemaría en Argentina que le “arrancaron sus hijos cuando se estaba por ir” fueron que quisieran mucho a San José y que nunca lo separaran de María. “Y esta imagen -prosiguió el obispo- nos ayudará a recordarlas: que queramos a San José y lo tengamos siempre entre Jesús y María”.
Antes de la Bendición final, el Vicario Regional dirigió unas breves palabras de agradecimiento a Monseñor Fenoy. Luego animó a los presentes a secundar las orientaciones del Obispo, como siempre enseñó San Josemaría, actuando como ciudadanos coherentes con la fe. Y, por supuesto, invitó a acogerse a la Virgen de Luján -a cuyos pies San Josemaría dijo que dejaba su corazón-, para imitar su santidad.
Fuente Y san Josemaría se quedó .
